sábado, 31 de mayo de 2008

Rodolfo Gaona, a cien años de su alternativa



Que las campanas de León toquen, repiquen, recuerden a gloria. Cien años se cumplen de la alternativa del mejor y más importante torero que ha dado México: Rodolfo Gaona.

Cuando Gaona llegó a España en 1908, de la mano de su maestro Saturnino Frutos, “Ojitos”, llevaba en su espuerta más cien novilladas toreadas en México y contaba ya con el reconocimiento de aficionados y profesionales y un futuro prometedor. Antes de partir a la península, la empresa de la plaza El Toreo ofreció a Rodolfo tomar la alternativa con unas condiciones que se pensarían imposibles de rechazar, vea usted: ocho mil pesos (de los de entonces, no los bilimbiques de ahora) una suma que ni el mismísimo Antonio Fuentes había cobrado por corrida; él escogería la ganadería y además, del encierro que eligiese, también podía escoger sus toros. Esto da cuenta de lo que ya entonces representaba Gaona como novillero en México. Pues por increíble que parezca, discípulo y maestro rechazaron la oferta y se embarcaron a buscar la alternativa en la meca del toreo.

En España no fue sencillo, los mexicanos que precedieron al leonés, en sus incursiones españolas, no dejaron un ambiente favorable a ningún mexicano. Y Saturnino necesitó “Dios y ayuda” para presentar a su discípulo en Madrid, lo que finalmente logró un 1° de abril de 1908, en un festejo a puerta cerrada, ante críticos taurinos, toreros y ganaderos, y del que obtuvo comentarios en su mayoría favorables y elogiosos. Pero ante la reticencia del entonces empresario de Madrid, quien seguía ofreciéndole novilladas, “Ojitos” resolvió organizar la alternativa de Rodolfo con los recursos que tuvo a mano, de ahí la modestia del cartel. Así pues, el 31 de mayo de 1908, en el barrio de Tetuán, Madrid, Manuel Lara, “El Jerezano”, cedía la muerte del toro “Rabanero”, de la ganadería de Basilio Peñalver al que, al paso de los años sería llamado El Califa de León. Y como infinito es el número de los necios no faltó quien, debido al modesto cartel, pusiera en entredicho su alternativa.

Pero, ¿qué pasó aquella tarde? Para fortuna de esta historia, quedó testimonio de un “cronista” de excepción: el propio Saturnino escribe una carta al día siguiente para dar cuenta de lo sucedido al Sr. Manuel Malacara, vecino de León, Gto. y mecenas de la escuela de “Ojitos” y de los inicios de Gaona en España, y entre otras cosas dice: “después de tantos inconvenientes con que he tropezado, queriendo abusar la empresa de Madrid y algunos matadores tuve que organizar esta corrida…con toros de tipo y mucha romana, para que vieran que mi ahijado sabe y se arrima a los toros, y el resultado fue, fuera del primero que fue muy difícil a la hora de matar, y al que toreo de muleta y en quites magistralmente, al cuarto y al sexto los mató de dos superiores estocadas con sus respectivas cogidas sin consecuencias, y fue calurosamente aplaudido, recorriendo el ruedo. Toreando de capa, en quites y de muleta fue ovacionadísimo, pues hacía muchos años que este inteligente público no veía ejecutar el toreo verdad, el clásico…”

Aun fue necesario organizar una corrida más para que, al fin, cediera la empresa de la capital española. Y Gaona confirmó en Madrid el 5 de julio de ese mismo año, con otro cartel igual de modesto. Pero a Gaona la historia le tenía reservada algunas de sus más brillantes páginas para inscribir con letras de oro su nombre y formar junto con Joselito y Belmonte la llamada Época de Oro del toreo en España Y en su patria fue y es la mayor gloria taurina de México.